SANDRO
La noche se cierne sobre la ciudad como una losa de plomo. Afuera, las estrellas brillan, pero aquí, en este bar sucio, el cielo es una jaula sin luz. Los neones lanzan destellos pálidos, intermitentes, que hacen bailar las sombras sobre las paredes manchadas de sudor y polvo. La música late, sorda, insistente, como un latido mecánico que se niega a detenerse.
Empujo la puerta, un soplo de calor y olores embriagadores me asalta: alcohol adulterado, sudor mezclado con un perfume barato qu