ALBA
La habitación está en silencio. Demasiado silencio.
Solo el tic-tac discreto del reloj sobre la cómoda recuerda que el tiempo avanza, implacable, llevándome hacia un mañana que temo y deseo a la vez.
A través de las pesadas cortinas cerradas, una luz dorada filtra en algunos lugares, como si el mundo exterior intentara recordarme que todavía existe. Aquí, sin embargo, el tiempo parece detenido, suspendido sobre mi cabeza como una espada invisible.
Estoy sentada al borde de la cama, descalz