Alba
Todo es luz, pero una luz cruda, implacable.
El oro fluye de los candelabros como sangre coagulada, el cristal capta cada reflejo para devolverlo como una flecha, y los diamantes en los cuellos de las invitadas brillan más que sus sonrisas congeladas.
La villa ya no es un hogar, es una trampa tendida con cuidado.
Un teatro de mármol y veneno.
Y yo, en el centro.
Ofrecida, exhibida, sacrificada.
O al menos, eso es lo que ellos piensan.
Mi vestido negro, La Espada, parte la sala en dos c