Alba
Todavía es de noche cuando me despierto.
No porque quiera. Porque siento que algo ha cambiado.
Una corriente de aire en la casa. Un escalofrío en las paredes. Una tensión sorda, casi imperceptible, como una bestia agazapada que contiene la respiración.
Me levanto en silencio. Descalza sobre el frío mármol. Cruzo el pasillo, cada paso más pesado que el anterior. La casa está tranquila, demasiado tranquila. Los guardias rara vez cambian de puesto antes de las seis. Apenas son las cuatro.
Per