Alba
El trayecto hasta Ancona se hace sin una palabra.
Estoy sentada en la parte trasera del SUV blindado, a la izquierda de Sandro. A la derecha, Carlo. Dos muros. Dos lobos. El silencio entre nosotros es más denso que el asfalto que pasa bajo las ruedas.
El puerto se acerca.
Reconozco las calles. Los almacenes. Los muelles. He patrullado aquí. De civil. En misión. En infiltración. He caminado como una sombra entre las sombras, siempre con la sensación de estar por encima, en control.
Pero hoy