Capítulo XCI: Confesiones.
El despertar de Roberto Briston no fue el regreso heroico de un patriarca, sino el parpadeo débil de un hombre que ha sido derrotado por su propia historia. Nana Roberta, cuya vigilancia nunca flaqueó durante las horas más oscuras de la convalecencia, fue la primera en notar que los dedos del anciano se movían. Cuando sus ojos se abrieron, nublados por la edad y el trauma, ella no perdió un segundo.
Joe recibió la llamada mientras revisaba documentos financieros que no podía concentrarse en lee