La naturaleza tiene formas crueles de anunciar los grandes cambios. Aquella noche en las tierras altas de Montana, el cielo no solo se encapotó, sino que pareció desplomarse sobre la cordillera. Las nubes, densas y cargadas de una electricidad violenta, se arremolinaban sobre la casona, como un presagio de muerte y vida entrelazadas. El viento aullaba entre las grietas de la madera, un sonido que se confundía con los lamentos que emanaban de la habitación del segundo piso.
Clara la mujer que ha