La sala de juntas de la Torre Briston exudaba una atmósfera de triunfo contenido. El aire acondicionado apenas lograba disipar el calor generado por las intensas discusiones sobre gráficos, proyecciones de crecimiento y márgenes de beneficio. Joe Briston, sentado en la cabecera de la mesa con una postura impecable, observaba a los miembros de la junta. Esta era la primera reunión formal desde que Adriana Slim se había incorporado como socia estratégica, y los resultados hablaban por sí solos.
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