Un murmullo colectivo se expandió como un trueno contenido cuando Nix se alzó en todo su esplendor. Sus patas firmes hundían la tierra, y su pelaje blanco, radiante bajo el brillo de la luna llena, era como un manto tejido con hilos de plata. Las runas vivientes que danzaban sobre su lomo centelleaban, formando patrones que se reacomodaban con cada movimiento, como si la diosa misma estuviera escribiendo sobre ella.
Los lobos de la manada del Sur, reunidos en el círculo ritual, retrocedieron in