El salón ceremonioso se fue vaciando lentamente, como si el aire aún vibrara por lo que acababa de presenciar: el alfa arrodillado ante una humana. No era un gesto menor; era una declaración que reconfiguraba estructuras antiguas. Algunos licántropos se marcharon murmurando, otros con expresiones indescifrables; unos pocos, los más jóvenes, la miraban con genuina admiración… o confusión.
Oriana permaneció en silencio un instante, intentando no ahogarse en el peso de tantas miradas, tantas expec