El regreso al hotel fue silencioso. La noche pesaba sobre sus hombros, y aunque la audiencia con el Consejo había terminado, las palabras de los ancianos aún resonaban en la cabeza de Elena. Se dejó caer sobre la cama, exhausta, mientras Darian se sentaba en el borde con los codos sobre las rodillas, mirando al suelo.
Nadie habló durante varios minutos. El silencio solo era interrumpido por el ritmo pausado de sus respiraciones. Finalmente, Elena rompió la quietud:
—Creen en ti. En nosotros —su