La noche había caído sobre el valle como un manto protector. La fogata central crepitaba en el centro del campamento, rodeada de lobos que compartían historias, risas y anécdotas de los primeros meses en aquella nueva manada que apenas nacía. El humo ascendía hacia el cielo estrellado, mezclándose con el olor de la carne asada y la madera encendida.
Elena estaba sentada junto a Darian, apoyando la cabeza en su hombro. Sentía el calor de la hoguera y el latido firme en el pecho de su compañero,