Las semanas que siguieron a su unión fueron un respiro, casi un paréntesis entre el caos que habían vivido y lo que sabían que se avecinaba. Darian había cumplido su palabra: la llevó lejos de la villa, lejos de los recuerdos pesados y las intrigas del Concejo. Eligió para su luna de miel un rincón apartado del mundo humano, donde la playa se extendía como un manto de plata y las noches parecían diseñadas solo para ellos.
Elena nunca había conocido una calma semejante. Durante años había vivido