El cielo se tiñó de rojo sangre cuando el primer disparo rompió la quietud de la madrugada.
No fue un disparo aislado. Fue una declaración.
Yo estaba en mi habitación, mirando por la ventana hacia el mar negro, con el teléfono en la mano y el último mensaje de Killian todavía en la pantalla: “Mañana a las 5:00. Playa norte. Trae solo tu katana. Y tu fuego.”
No había dormido.
No podía.
El beso en el faro, las manos de Killian en mi cuerpo, su voz prometiendo guerra y eternidad… todo seguía latie