(Punto de vista de Luna Mancini)
El viento de diciembre en Capo Gallo cortaba como navajas.
Me puse la chaqueta de cuero negra encima del vestido corto rojo que había elegido para esta noche: no era para impresionar, era para recordar que si algo salía mal, podía correr y pelear. Botas altas, la katana de Killian envainada en la espalda (porque no iba a dejarla en casa), y la pistola que Anya me dio siempre en la cintura.
La Ducati ronroneaba bajo mis piernas mientras subía el camino sin asfalt