(Punto de Vista de Dario)
El sol se hundía en el mar de Sicilia como una bala de plomo derretido. Desde la terraza de la fortaleza, Palermo se extendía debajo: un laberinto de calles empedradas, iglesias barrocas y puertos donde mis barcos descargaban cocaína colombiana y armas checas bajo la cobertura de la noche. El viento traía olor a sal, pólvora y traición.
Viktor Heller llegaría al amanecer.
Lo sabía porque mi informante en Hamburgo —un ex-Stasi con una cicatriz que le cruzaba el ojo izqui