Punto de Vista de Dario
El rugido de los helicópteros se intensificaba fuera de la mansión, como un pulso acelerado que coincidía con el mío. Catalina yacía bajo mí, su cuerpo aun temblando por los ecos del orgasmo, su piel sudorosa pegada a la mía. Mi polla, aún semidura dentro de ella, se negaba a abandonarla, como si supiera que este momento de paz era efímero.
La habitación olía a sexo junto con el olor de sangre y antiséptico —una combinación que definía mi vida entera. La herida en su bra