Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl segundo año no comenzó con el frío de la nieve, sino con el frío de los presentimientos. La despedida en la mansión del Este quedó grabada en la memoria de Meryem como una pintura al óleo de tonos sombríos. Andrea, su padre, estaba envuelto en su abrigo de lana oscura, listo para partir hacia las fronteras de Asia en otra de las misiones interminables impuestas por Maria.
Meryem lo abrazó con una fuerza inusual, hundiendo el rostro en su pecho. Sintió el aroma a tabaco y a madera que siempre lo acompañaba, pero esta vez, un escalofrío le recorrió la espina dorsal. Algo en el aire, una vibración sutil que solo su incipiente instinto detectaba, le decía que ese abrazo no era un "hasta pronto", sino un "adiós".
—Cuídate, pequeña —le susurró Andrea, besando su coronilla de plata—. Volveré antes de que te des cuenta.
Meryem lo miró a los ojos, buscando una promesa de protección que él no podía cumplir. —Papá... —su voz se quebró—, no te vayas. Quédate este año. Siento que el invierno será demasiado largo.
Andrea sonrió con tristeza, creyendo que eran miedos infantiles por el regreso a la academia, y se marchó. Fue la última vez que Meryem vio la luz de la vida en la mirada de su padre.
La Soledad en la Cúspide: El Segundo Año
Al regresar a St. Moritz, las condiciones de Meryem cambiaron físicamente, pero empeoraron espiritualmente. Gracias a la presión que Baco ejerció antes de partir, la academia le asignó una habitación en el ala de las lobas de linaje, con calefacción y una cama digna. Sin embargo, su habitación se convirtió en un sarcófago de lujo.Sasha, ahora alumna de primer año, desplegó una red de terror que asfixió el pequeño círculo de Meryem. Una noche, Sasha y su séquito de lobas jóvenes emboscaron a Leo y Mia en los jardines. No fue una simple pelea; Sasha usó su fuerza de Alfa para marcar permanentemente el brazo de Mia con una quemadura de ácido, dejando claro que cualquiera que hablara con Meryem sufriría el mismo destino.
Meryem vio a sus amigos en la enfermería, rotos y aterrorizados. Con el alma hecha pedazos, se obligó a sí misma a ser cruel. —No quiero que se acerquen a mí —les dijo Meryem, con la mirada fría para ocultar su dolor—. Son un estorbo. Mi familia no tolera a los Gammas débiles.
Leo y Mia se alejaron llorando, creyendo que Meryem se había vuelto tan arrogante como las demás. Así, Meryem consiguió lo que Sasha quería: el aislamiento absoluto. Se sentaba sola en el comedor, entrenaba sola bajo la lluvia y dormía en su habitación caliente rodeada por el silencio más pesado de su vida.
El Exilio de Baco y el Secreto de las Cartas
La tragedia de Meryem se completó cuando las Matriarcas ejecutaron su movimiento más audaz. Alegando una "necesidad de formación en terrenos hostiles", Valeria y Maria consiguieron que la academia enviara a Baco de intercambio a la Academia Militar de Novosibirsk, en el corazón de Rusia.Baco se despidió de ella en una carta breve, escrita con la rabia de quien sabe que está siendo desterrado. Durante meses, mantuvieron contacto a través de cartas que Meryem debía ocultar bajo las tablas del suelo. Baco, desde el frío ruso, le contaba que buscaba cada excusa diplomática para volver, que se enfrentaba a sus superiores y que contaba los segundos para verla.
Meryem, por su parte, le escribía mentiras piadosas. "Estoy bien, Baco. Sasha ha madurado y me deja tranquila. La habitación es cálida y los entrenamientos son justos. No te preocupes por mí, enfócate en tu regreso".
No quería que él hiciera una locura que causara su expulsión definitiva. No le contó que Sasha le escupía en la cara en cada pasillo, ni que las maestras la obligaban a limpiar los establos con las manos desnudas hasta que la piel se le agrietaba. Meryem mantenía la esperanza de las vacaciones de verano; tenía un plan para escapar de los guardias y encontrarse con él en una cabaña secreta que Alya, la prima de Selene, les había indicado.
La Noticia que Rompió el Mundo
Faltaba solo una semana para el final del ciclo escolar. Meryem ya tenía lista una pequeña mochila con provisiones para su huida. Pero el destino, manipulado por las manos de Maria, tenía otros planes.Una mañana, el director de la academia entró en el salón de clases. Su rostro estaba pálido. Pidió a Meryem y a Sasha que lo acompañaran a la oficina principal. Allí, a través de una pantalla de video, Maria las esperaba con un velo negro sobre la cabeza.
—Hijas mías —dijo Maria, con una voz que fingía una pena gélida—, la manada del Este está de luto. Andrea, su padre, ha fallecido en un accidente en las montañas rusas. Su helicóptero cayó en una tormenta. No hubo sobrevivientes.
El mundo de Meryem se detuvo. El aire desapareció de sus pulmones. No era solo el dolor de la pérdida; era la certeza de que su único vínculo con la bondad en su familia directa había sido cortado. Sasha estalló en un llanto dramático, buscando el consuelo de las cámaras, pero Meryem se quedó de piedra.
El viaje de regreso no fue para las vacaciones de verano soñadas, sino para el funeral del Alfa. Meryem regresó a la mansión del Este encadenada por el duelo. El fallecimiento de su padre era un misterio que gritaba traición: ¿Cómo un Alfa experimentado podía morir de forma tan fortuita?
Meryem se vio obligada a pasar el verano bajo el mismo techo que sus verdugos, sin Baco, que seguía retenido en Rusia por órdenes militares, y con la sombra de su padre pesando sobre cada rincón de la casa. En medio del duelo, mientras Maria y Beatriz brindaban en secreto por el control total de la manada, Meryem se arrodilló ante el ataúd cerrado de su padre y sintió, por primera vez, que el hielo de su interior no era solo resistencia... era poder.







