Mundo ficciónIniciar sesión(Narra Baco)
El frío de Novosibirsk no se comparaba con el frío que sentía en mi pecho desde que me obligaron a subir a aquel avión militar. Aquí, en la Academia Superior de las Estepas, el aire huele a pólvora, a pelaje mojado y a una disciplina que raya en la crueldad. Pero no era el entrenamiento lo que me desgarraba, sino la distancia. Cada kilómetro que me alejaba de Meryem se sentía como un hilo de seda tirando de mi propia carne, tensándose hasta el punto de la ruptura.
El Lobo de las Estepas y el Espejo de la Verdad
Fue en este desierto de hielo donde conocí a Viktor Volkov. Un Alfa de las estepas, de hombros inmensos y ojos que parecían haber visto el fin del mundo. Nos convertimos en aliados por necesidad; éramos los dos mejores combatientes del nivel superior y nadie más podía seguirnos el ritmo.Una noche, frente a una hoguera de troncos de abeto, compartiendo una botella de vodka quemante, el tema salió a la luz. Viktor me hablaba de la pureza del linaje ruso, y yo, por primera vez, abrí una grieta en mi armadura. Le hablé de ella. Le hablé de una niña de plata, de ojos violetas que contenían la paz de un lago al amanecer, y de cómo el mundo entero parecía conspirar para apagar su luz.
Viktor me miró de lado, su sonrisa desapareciendo bajo su cicatriz. —Baco, eres un guerrero formidable, pero eres un idiota —dijo, su voz era un rugido bajo—. No hablas de una prima. Hablas de tu mate. Hablas de una mujer que te ha robado el alma. Estás enamorado de ella hasta la médula.
Sus palabras me golpearon como un mazo de guerra. Mi primera reacción fue la negación; el orgullo de Filipo era una carga pesada. —Es familia, Viktor. Mi deber es protegerla del nido de víboras en el que nació. Nada más.
—Mientes —insistió él—. Y las mentiras en el amor son veneno para un lobo.
El Escudo de Cristal: Elina
Para demostrarle a Viktor, y quizás para convencerme a mí mismo de que no estaba rompiendo las leyes de mi casta, tomé una decisión que lamentaría cada día de mi existencia. Decidí buscar una distracción, una máscara.Así fue como Elina entró en mi vida. Ella era, sin duda, la loba más hermosa que mis ojos hubieran visto jamás. Provenía de una manada en una isla remota en medio del Atlántico, un lugar de leyendas y naufragios. Tenía una belleza exótica: cabello oscuro como el ala de un cuervo, ojos de un verde esmeralda hipnótico y una piel que parecía porcelana. Todos en la academia la adoraban; creían que pertenecía a una estirpe noble de protectores oceánicos.
Pero yo sentía algo extraño. Cuando la besaba, no había fuego. Sus labios eran perfectos, pero fríos. No había esa corriente eléctrica que sentía con el simple roce de la mano de Meryem. Elina fingía dulzura, pero su aura tenía matices grises, rastrojos de una sangre renegada que ocultaba con perfumes caros y modales impecables. No era una buena loba; bajo su belleza se escondía una ambición que me recordaba a Maria, pero mi desesperación por negar mis sentimientos hacia Meryem me hizo ignorar las señales.
Me hice su novio. Me obligué a aparecer en público con ella, a dejar que ella colgara de mi brazo mientras Viktor me observaba con una lástima que me hacía querer arrancarle los ojos.
La Carta de la Traición Silenciosa
En un momento de debilidad y cobardía, impulsado por el miedo de que Meryem también estuviera sufriendo por mi ausencia, decidí escribirle. Quería ser "honesto", quería alejarla para que ella no esperara por mí, creyendo estúpidamente que si ella sabía que yo estaba con otra, el vínculo se enfriaría y ella sufriría menos. Qué equivocado estaba.Escribí la carta con la mano temblorosa, sentado en mi escritorio mientras Elina dormía en el sofá de mi habitación, su presencia sintiéndose como una invasión. "Meryem, espero que el verano en casa te dé la paz que necesitas. Aquí las cosas son intensas. He conocido a alguien, una loba llamada Elina. Ella me ayuda a sobrellevar este destierro. Espero que tú también encuentres esa calma..."
Envié la carta justo cuando la noticia de la muerte del tío Andrea llegó a mis oídos. Mi primera reacción fue querer desertar, correr hacia ella, pero Elina y las órdenes de Valeria me retuvieron. No sabía que mi carta, cargada de mi estúpida "protección", llegaría en el momento más oscuro de la vida de Meryem.
El Silencio de la Plata
Pasaron las semanas. Las vacaciones de verano terminaron y yo regresé a la rutina de sangre y nieve, esperando desesperadamente una respuesta. Una carta, un insulto, un grito en papel. Pero no llegó nada.No sabía que Meryem acababa de enterrar a su padre. No sabía que mientras ella lloraba sobre el ataúd de Andrea, mi carta llegaba como una estocada final a su corazón. Ella, que ya no tenía amigos porque Sasha se los había arrebatado, que vivía bajo el látigo psicológico de Beatriz, acababa de perder su única ancla de esperanza: yo.
Desde ese día, el correo se detuvo. Meryem dejó de escribirme. En mi pecho, el vacío se volvió un agujero negro. Elina intentaba consolarme, sus caricias sintiéndose como lija sobre mi piel.
Lo que yo no podía ver es que, en la soledad de su habitación en St. Moritz, Meryem había reemplazado nuestras cartas por un diario de t***s negras. Allí, con una caligrafía que se volvía más fría y afilada con cada página, ella escribía todo lo que el mundo le negaba. Ya no era una niña esperando a su caballero; era una mujer preparándose para la guerra, enterrando su amor por mí bajo capas de odio y hielo.
Yo creía que la estaba protegiendo con mi mentira. En realidad, acababa de encender la mecha de la destrucción de todo lo que amaba.







