Eva
—¡Al suelo! —grité mientras pateaba una silla contra el animal. Ágata levantó las manos. El aire chilló, se volvió una corriente cortante que empujó al lobo hacia la pared. El monstruo se sacudió, rugiendo, y destrozó un archivador con un zarpazo.
—Demonios... Si es posible, lo pusiste aún más molesto —dijo ella.
—No que antes nos quería abrazar… —solté. Y cuando volvió hecho una furia salté sobre su lomo y hundí los dedos en su carne. Me sacudió como una hoja de papel. Maldición. Ágata con