Damián
Nuestro plan no era hacer tanto daño, sino lo suficiente como para ganar tiempo y hacer evidente que ni los guerreros ni, por supuesto, Ricardo estaban en condiciones de controlar la más mínima adversidad. Un ventarrón aterrador se llevaba el techo de casas que debían estar claramente mal construidas, mientras la bestia inmensa dominaba el lugar con poder y furia.
—¡¿Qué demonios ha sucedido?! ¡Vuelvan a sus puestos, hagan lo que... se supone que tienen que hacer! ¡Estúpidos guerreros, b