Julieta
—Creo que ningún padre se había sentido tan orgulloso —sonreía mi padre con lágrimas en los ojos—. No solo hermosa, brillante, fuerte, sino Luna Salvadora. La ciudad entera te espera. Has hecho tanto mi pequeña.
—Papá, basta, que me vas a hacer llorar… ¡y no dejo de hacerlo desde hace días! —respondí intentando contenerme, cuidando mi maquillaje.
—¡Pero es que solo mírate! —indicó señalándome, tomando mi mano, haciéndome dar una vuelta mientras salíamos de mi habitación.
—¡Vaya, hermo