El trayecto en el coche fue silencioso, pero no era el silencio sepulcral que Danna solía compartir con Thomas. Este tenía un matiz distinto; era la calma que precede a la tormenta, o quizás, el aire limpio después de que el rayo finalmente ha caído. John conducía con una mano en el volante y la otra descansando cerca de la palanca de cambios, a pocos centímetros de la de ella. No intentó tocarla, dándole el espacio que ella misma había pedido para reencontrarse.
Cuando el coche se detuvo frent