John se había quedado a un costado del salón, rodeado de hombres de negocios. Trajes oscuros, relojes caros, copas en la mano. Las conversaciones se cruzaban entre números, acuerdos y sonrisas calculadas. Él se movía con naturalidad entre ellos, estrechando manos, inclinando apenas la cabeza, ejerciendo ese tipo de autoridad que no necesitaba alzar la voz para imponerse.
Danna aprovechó ese momento.
Se alejó unos pasos, como si necesitara distraerse, y se dirigió a la mesa del bufete. La mes