Danna se apartó de él con un movimiento torpe y rápido, como si el aire a su alrededor se hubiera vuelto irrespirable. Caminó hasta el balcón y apoyó ambas manos en la baranda fría, inclinándose apenas hacia adelante para intentar tomar aire. El murmullo del evento quedaba amortiguado tras los cristales; afuera solo estaba la noche y el pulso acelerado en su pecho.
John no tardó en seguirla.
La alcanzó en dos pasos y le tomó el brazo antes de que pudiera girarse. El contacto fue firme, decid