El motor apenas había arrancado cuando Danna sintió que el silencio dentro del vehículo era demasiado cerrado, casi espeso. John conducía con una calma extraña, esa que no era realmente tranquilidad sino una forma de dominio silencioso. Ella mantenía la mirada fija en la ventanilla, intentando que sus manos no temblaran después de la incomodidad del cinturón y la cercanía repentina de él al ayudarla.
Durante unos minutos, ninguno habló.
El auto avanzaba por la avenida iluminada por el sol de me