El apartamento estaba en silencio cuando Danna abrió la puerta. Ya era de noche y la luz cálida de la lámpara del salón dibujaba un resplandor suave sobre las paredes. Tom estaba sentado en el sofá, con las piernas ligeramente abiertas, un manojo de documentos en las manos y el ceño concentrado. La corbata aflojada y la camisa remangada dejaban ver que llevaba horas allí.
Al verla entrar, levantó apenas la mirada. Danna sintió ese pequeño nudo en el estómago—ese que siempre aparecía cuando no s