La noche en el ático de Manhattan se sentía más pesada que nunca.
El aire estaba cargado de una electricidad estática que parecía hacer vibrar las paredes de cristal.
Elliot no perdió un segundo.
En cuanto la llamada de Fabián terminó, marcó el número de Paul, su abogado de máxima confianza y el único hombre capaz de mantener la cabeza fría cuando los imperios empezaban a tambalearse.
—Ven ahora mismo —fue todo lo que dijo Elliot. No hubo necesidad de explicaciones. Paul conocía el tono de u