Soledad y Poder.
—Vine a ver cómo estabas, y estás bien, me voy, no tienes que lanzarme los zapatos de nuevo.
—No quiero estar encerrada. Sácame de aquí.
—No puedo, es decisión del alfa.
—¿Y tú haces todo lo que te diga tu alfa? Se supone que soy importante para ti, sin embargo, me torturas. No sé cómo convencieron a Scarlet, pero a mí no me lograrás convencer de que me amas por magia o lo que sea. Si me amaras, no me tuvieras encerrada.
—Estás aquí por tus acciones, llevas 18 horas aquí, solo te faltan poco más de dos días y serás libre.
—¿Y quieres que te dé las gracias? —inquirió con sarcasmo.
—En realidad, deberías estar agradecida con la benevolencia del alfa supremo.
—El único supremo que tengo es Dios.
Lioran bajó la cabeza. Se sentó en el borde de la cama, sin tocarla, pero cerca.
—No sé qué hacer contigo, Paola. Debo explicarte lo que soy, y lo lamento. No sé por qué mi diosa creyó oportuno que fueras mi mate, pero confío en que si lo hizo, es porque puedes aceptar que el mundo que conoces es