Mi hijo, mi ley.
—¿Piensas que soy un loco? —gruñó—. Si te doy mi sangre, con un hechizo obtendrás todo mi poder. Dañarías a mi gente. No pondré a mi pueblo en peligro aunque me muera por ser padre. No creas que he olvidado que en el pasado intentaste erradicar a los lobos por todos los medios posibles.
—Mis motivos tenía y lo sabes —replicó el brujo.
Derek guardó silencio.
El brujo sonrió con dulzura venenosa y, como si quisiera ponerle la mano en el hombro de reconciliación, la movió hacia Derek.
Derek la qui