La mordida pendiente.
—No… no me creo capaz… es algo… es algo… —balbuceó incómoda, moviendo la cabeza de lado a lado como si así pudiera escapar de la idea.
—Lunita —su voz se suavizó, pero en sus ojos había firmeza—. Esto es normal, ¿entiendes? Sé que para ti es difícil, pero aquí, en nuestra naturaleza, así es. Sin tu mordida no podemos completar el vínculo. Es necesario. Debes hacerlo… mientras nuestros cuerpos se unen.
Scarlet sintió que se le atragantaba el alma. ¿Qué, encima en medio del acto? ¿Quién inventaba estas reglas tan enfermas?
Derek, viendo su duda, desvió la mirada hacia su propia mano derecha.
—Mira.
Ella giró el rostro y vio sus dedos entrelazados con los de él. Y también vio el hilo rojo, mágico y brillante, que volvía a aparecer, saliendo desde el centro de sus pechos y uniendo sus manos. Esta vez el lazo parecía más apremiante, más vivo, como si estuviera a punto de mudarse de lugar… pero no lo hacía.
—Aunque no entiendo cómo puedes verlo. Pero, luna, hasta que ese hilo no se ate por