La mordida pendiente.
—No… no me creo capaz… es algo… es algo… —balbuceó incómoda, moviendo la cabeza de lado a lado como si así pudiera escapar de la idea.
—Lunita —su voz se suavizó, pero en sus ojos había firmeza—. Esto es normal, ¿entiendes? Sé que para ti es difícil, pero aquí, en nuestra naturaleza, así es. Sin tu mordida no podemos completar el vínculo. Es necesario. Debes hacerlo… mientras nuestros cuerpos se unen.
Scarlet sintió que se le atragantaba el alma. ¿Qué, encima en medio del acto? ¿Quién inventaba