Mauricio, el padre de Scarlet, observaba a Derek y al rey de los brujos con una desconfianza tan visible que casi podía olerse. Los seres sobrenaturales eran enemigos mortales de su raza, y pararse frente a ellos era, para él, como mostrar un chuletón sangrante a un par de lobos hambrientos.
—Hija, créeme cuando te digo que venir conmigo es la opción inteligente —dijo a Scarlet sin apartar la mirada de Derek, como si esperara que en cualquier momento le saltara encima.
—Señor, ya le dije que no