Maldita loba.
Él volvió a posar el dedo que había retirado en sus labios.
—Todos están bien gracias a ti —aseguró con firmeza.
En la mente de Derek, Yeho, que estaba echado, enroscado como un ovillo, se levantó en cuatro patas, con el pelaje erizado, y soltó un gruñido que retumbó en el pecho de Derek.
#¿Le ocultarás lo de su amiga? Debes decirle que Zhana está herida. No quiero que mi Lunita se enoje después#, exigió, con sus ojos dorados brillando con autoridad.
#¿Quieres verla sufrir? ¿Por algo que tiene