Donde hay lobo, no hay lugar para Ratas.

Zhana solo guiñó un ojo con picardía de villana redimida y salió como una bala.

Mientras tanto, Ester, la madre de Scarlet, estaba recibiendo a los invitados con lágrimas de emoción.

Y cuando Leo apareció con un traje color chocolate más arrugado que su moral, ella corrió a abrazarlo como si fuera un príncipe.

—¡Al fin, mi yerno! Hoy se cumple mi mayor sueño: ver a mi hija casada —expresó entre sollozos.

—Así es, suegra —dijo Leo, inflando el pecho como un gallo—. Cuidaré de usted y de Scarlet
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