Dije que me casaría. No dije con quién.
Derek cerró los puños y un leve temblor le recorría los brazos. Estaba a un segundo de perder el control por completo, pero justo en ese instante, el suave sonido de un violín se elevó por el aire.
Todos los presentes giraron la cabeza.
Y Derek se quedó con la vista fija en su lunita, que aparecía en la entrada con un vestido blanco elegante, pero atrevido, de corte corto al frente y con una cola larga que se arrastraba.
Su cabello rojizo se encontraba recogido en un moño alto, que dejaba escap