Te amaría, aunque cocinaras veneno.
—No es nada —respondió él, sereno, como si fuera normal estar cubierto de sangre a esas horas—. No es mía. Salí a caminar porque no podía dormir, y me topé con un lobo herido. Intenté ayudarlo… es su sangre.
Scarlet suspiró con fuerza, llevándose la mano al pecho y dibujando círculos como si necesitara calmar su corazón.
—Dios… me asustaste. Hace unos días apareció un lobo enorme por aquí. ¡Feroz como un demonio! Casi me come viva. Y Zhana… pobre, casi muere de un infarto.
#Dile a mi lunita que