Elsa miró la dirección del hotel que Damián le había enviado, sintiendo que le quemaba la palma de la mano. Faltaban tres días para el martes. El futuro que había pautado con Leo, y la pasión prohibida con Damián, chocaban en su mente, creando un mar de confusiones del que no podía escapar.
Leo acababa de salir de la ducha. Entró en el dormitorio envuelto en una toalla, y su primera acción no fue encender la televisión o buscar su móvil, sino detenerse junto al armario para mirarla.
- "Oye," le