La sensación de las sábanas del hotel y el olor a la loción de Damián persistían en la piel de Elsa, invisibles, pero inconfundibles. Regresó a su vida con Leo como una intrusa, una actriz que acababa de interpretar el papel de su vida. El peso de la carta, escondida bajo sus medias en el cajón, y la etiqueta de "novia a escondidas" que Damián le había impuesto, eran la nueva realidad.
El primer día fue una tortura. Elsa se duchaba con un celo febril, intentando borrar cualquier rastro físico,