Después de los besos bajo la lluvia, Elsa se encontró viviendo en un estado constante de alerta y dualidad. La etiqueta de "novia a escondidas" que Damián había impuesto se había consolidado, y cada encuentro robado era una inyección de vida que hacía que su rutina con Leo se sintiera más gris.
Paradójicamente, la persona que hacía que Leo empezara a notar algo no era Damián, sino la misma Elsa. La culpa la había transformado. Se había vuelto distante, su mente a menudo ausente en las conversac