La vuelta a la rutina fue una tortura. Elsa se movía por el apartamento con la sensación de tener un foco encendido sobre ella. La culpa por la noche con Damián y la mentira del viaje de trabajo eran un lastre que se manifestaba en una distancia palpable. Ya no se involucraba con entusiasmo en los planos de la casa, y sus ojos, cansados por la vigilia y la ansiedad, a menudo estaban ausentes.
Leo, aunque centrado en sus proyectos, percibió el cambio. Pero en lugar de buscar la raíz en la fría i