El lunes amaneció, el día antes del martes de la verdad. Leo y Elsa tenían planeado pasar el día en casa de los padres de él, celebrando un cumpleaños familiar. Fue una inmersión forzosa en la estabilidad que estaba a punto de destruir.
Desde el momento en que pusieron un pie en la casa, Elsa sintió la calidez de la aprobación. La madre de Leo la abrazó con cariño, y el padre la sentó a su lado para hablarle de cómo están las cosas, tratándola ya como una hija. Vio a Leo interactuar con sus sob