Y así, después de aquella llamada, el silencio volvió a llenar la habitación. No era un silencio vacío; era uno de esos silencios pesados, cargados de pensamientos, dudas y sentimientos que todavía no encontraban forma para ser expresados. Camila permaneció sentada durante unos minutos más, observando la pantalla negra del teléfono, como si todavía pudiera ver el rostro de Gavin reflejado allí, con su mezcla de fuerza y vulnerabilidad que tanto la conmovía.
Respiró hondo, dejando que el aire ti