El verano llegó con una intensidad distinta, más luminosa, casi insistente. La ciudad parecía expandirse bajo el sol, como si cada rincón quisiera ser habitado, visto, vivido. Las sombras se acortaban, los días se alargaban, y con ellos, también se extendía esa sensación de que todo estaba en movimiento, incluso lo que parecía quieto.
Gavin empezó a notar pequeños cambios en sí mismo. No eran transformaciones drásticas, sino ajustes sutiles: una mayor tolerancia a la incertidumbre, una forma má