El invierno terminó de instalarse sin pedir permiso, cubriendo la ciudad con una quietud más densa, como si todo se moviera apenas por debajo de la superficie. Las mañanas eran frías, y el vapor del aliento se volvía visible por unos segundos antes de desaparecer. Camila empezó a levantarse más temprano, no por obligación, sino porque había algo en ese silencio inicial que le resultaba necesario.
El regreso no había sido abrupto. Tampoco completamente suave. Era más bien una transición lenta, c