La primavera llegó casi sin anunciarse, como si hubiera decidido entrar en la vida de ambos con la misma discreción con la que ellos habían aprendido a habitar sus propios cambios. No hubo un momento exacto en que Gavin o Camila pudieran decir “aquí empezó algo nuevo”. Fue más bien una acumulación de días suaves, de decisiones pequeñas, de silencios que ya no pesaban.
Gavin comenzó a notar que ya no esperaba los mensajes de Camila con la misma ansiedad de antes. No porque le importara menos, si