La primavera llegó sin pedir permiso, como si la ciudad hubiese decidido abrir los ojos de golpe después de un largo letargo. El aire se volvió más tibio, más amable, y las calles comenzaron a llenarse de ese movimiento ligero que anuncia nuevas posibilidades sin nombrarlas del todo. Gavin lo notó primero en los detalles: las ventanas abiertas, las conversaciones que se extendían en las veredas, la luz entrando con más insistencia en su departamento.
Camila, en cambio, lo sintió en el cuerpo. E