Armando y Gerardo echan un volado para saber quién me escolta a la casa, y lo pierde el primero. Así que con el auto deportivo de su cuñado, mi compañero tendrá que acompañar a mí y a mí en un tipo sedán. Es raro, incluso hasta para mí.
Me estaciono afuera de mi casa, donde siempre, y Armando se queda atrás. Bajamos los dos de los autos y nos encontramos frente a mi puerta.
-¿Segura que no quieres que me quede un rato? –pregunta mi escolta al verme jugar con las llaves antes de abrir.
-No, esto