Logro abrir los ojos. Sigo en mi cama, que está deliciosamente calientita como para dejarle. Es mitad de semana, pero siento que ha pasado una eternidad. Ya hay luz sola entrando a la habitación, es señal de que debo apurarme.
Mi celular está muerto, no lo puse a cargar anoche. Lo conecto en lo que me baño, mientras prendo la televisión, veo en el reloj de la pantalla que son las 7:10, le bajo entonces a mi presión y tomo las cosas con calma.
Tras salir de la regadera, limpio mi herida del braz