—¿Convencerme? —preguntó Lionetta, volviendo el rostro hacia Angelo—. Creí que no tenía elección —añadió con una sonrisa sarcástica. Las palabras salían de su boca antes de que pudiera detenerse a pensarlas—. Ya sabes… debo seguir interpretando mi papel de esposa perfecta.
—Sé que estás molesta…
—¿No me digas? —espetó ella—. ¿Y qué te hizo darte cuenta?
Volvió a mirar por la ventanilla, sintiendo cómo la ira comenzaba a evaporarse tan rápido como había llegado. En su lugar, un nudo se formaba e