Mundo de ficçãoIniciar sessãoSara pensó que conocía todo sobre la vida, la amistad y el amor... hasta que Esteban apareció de una manera que nunca imaginó. Mejores amigos toda la vida, confianza absoluta, risas y cero complicaciones... hasta que una noche cambió todo. Una línea que nunca debieron cruzar. Un error que no pudieron evitar. Un impulso que no pudieron ignorar. Y sentimientos que llegaron sin aviso. Lo que antes parecía seguro se volvió confuso. Lo que parecía inofensivo se volvió intenso. Lo que creían que no existía... apareció. Entre celos que queman, deseos que confunden, secretos que duelen y decisiones imposibles... Descubrirán que el amor no siempre pide permiso, que a veces llega sin avisar... y que algunas historias no terminan cuando deberían, incluso cuando no siempre llega una sola vez. Romance • Amistad • Secretos • Deseo • Confusión • Pasión • Drama • Contenido explícito • Palabras obscenas Para mayores de 19+
Ler mais<Sara>
Mi mejor amigo, Esteban Wegner, y yo tenemos un grupo bastante unido: Juan, Charly, Ángel, Angie, Estefa y Michell, que fue la última en integrarse. A veces también se nos une mi hermano Sebastián.
Cada fin de semana hacemos algo distinto: fiestas, pícnics, salidas a comer, paseos, piscina... lo que sea con tal de estar juntos. Y, siendo sincera, amo mi vida tal como es.
Conozco a Esteban desde los 13 años. Éramos vecinos, y entre conversaciones casuales y tardes compartidas, terminamos volviéndonos inseparables. Él escuchaba mis problemas, yo los suyos... siempre estábamos el uno para el otro.
Por eso, cuando me dijo que le gustaba una chica llamada Lucí, no dudé en ayudarlo.Lucí era hermosa, sí, pero también parecía dulce. Me acerqué a ella, me hice su amiga y, en pocos días, supe que encajaría perfectamente con Esteban. Así que organicé todo para que se conocieran mejor.
Los cité en el parque del centro comercial.Ese día llegué primero y me senté cerca de una heladería, con una sonrisa que no podía disimular.—¡Hola! —escuché, y al levantar la mirada, ahí estaba Lucí.—¡Hola! ¿Cómo estás? —le respondí.—Bien, perdón por llegar tarde —dijo, algo apenada.
Entonces lo vi.Esteban venía caminando hacia nosotras... y no pude evitar emocionarme.
—Hola, princesa —me dijo, como siempre.—Esteban, te presento a Lucí.El ambiente se llenó de una ligera tensión... pero de la buena.—Mucho gusto —dijo ella—. Eres el mejor amigo de Sara, ¿verdad?—Sí, así es —respondió él.Sonreí. Todo iba perfecto.—Bueno, los dejo —intervine—. Tengo cosas que hacer. Disfruten.Y me fui.
Esa noche, acostada en mi cama, no podía dejar de sonreír. Sentía que había hecho algo bien. Esteban se veía feliz... y eso era suficiente para mí.
Horas después, mi celular vibró.—¡Muchas gracias, Sara! ¡Te amo! —había escrito.Solté una risa.—Yo también te amo, pero... ¿qué pasó?—Estoy demasiado feliz. Tenemos muchas cosas en común. Es tierna, es linda... me gusta más de lo que imaginaba. Y creo que yo también le gusto. Tal vez es rápido, pero... queremos intentarlo.Sonreí aún más.—Claro que sí. Me alegra mucho por ti.Y lo decía en serio.Pensé que, por fin, Esteban tendría a alguien que lo hiciera feliz.
_________________________________________
Tres semanas después, entendí lo equivocada que estaba.Estaba en mi cuarto, distraída con el celular, cuando escuché el sonido de su moto. Me pareció raro... él siempre avisaba antes de venir.Pero no le di importancia.Hasta que entró.—¡Princesa!...Levanté la mirada.Estaba llorando.—¿Qué pasó? —pregunté de inmediato, sintiendo cómo algo dentro de mí se rompía al verlo así—. ¿Por qué estás llorando?—Sara... Lucía me terminó.Mi corazón se apretó viendo su carita envuelta en lágrimas—¿Qué? ¿Por qué? Qué sucedió?. —Pregunté con mucha intriga, ya que su relación iba bastante bien—Dijo que no quería estar conmigo... que no la buscara más...No lo podía creer.—Pero... si todo iba bien...Esteban bajó la mirada.—No le gusta como te trato.
El silencio que siguió fue pesado. Doloroso.
Porque, en el fondo... lo entendía.
Esteban siempre había sido increíble conmigo. Demasiado. Detallista, atento... especial.
Y tal vez, para alguien más, eso no era fácil de aceptar.Sentí un nudo en la garganta.—Tal vez... tiene razón —murmuré—. Quizás es mi culpa...—No —dijo de inmediato, acercándose a mí—. No digas eso.Sus manos sostuvieron mi rostro con suavidad.—Nunca sería tu culpa. Nadie va a cambiar lo que eres para mí. Nadie.Lo miré.
Y por un segundo... dudé.¿De verdad estaba bien?¿O solo intentaba ser fuerte por mí?Porque, aunque sonreía... sus ojos aún estaban rotos.Y eso... dolía más de lo que quería admitir.
Pero algo me decía que esto... No sería tan fácil de superar...
________
•Preguntas para Lectores•
~¿Qué habrían hecho ustedes si su mejor amigo llegara llorando así?
Sus palabras me atravesaron por completo.—Es... está bien... sí le voy a terminar, pero no porque tú me lo digas. —Mi voz salió más fría de lo que esperaba, aunque por dentro seguía completamente revuelta..—Voy a intentar creerte... —murmuró contra mi oído, rozándolo con los labios antes de morderlo suavemente.—Esteban... ya basta. —El jadeo se me escapó sin permiso, traicionándome.—Es que no puedo evitarlo... —susurró, deslizando sus manos hasta apretar mis muslos—. Cada vez que te veo así... me dan unas ganas de cogerte que no me dejan pensar en nada más.—Ya... mejor vístete. —Intenté sonar firme, aunque mi cuerpo iba en dirección contraria. —Está bien... —dijo con calma, pero luego sonrió—. ¿Y tú te vas a quedar así?—¿Yo? ¡Ah! Claro que no. —Me levanté de golpe, buscando mi ropa casi con desesperación.—Si quieres te ayudo... —su tono tenía esa malicia que ya empezaba a conocer demasiado bien.—Ya cállate.Hubo un segundo de silencio... uno de esos que pesan.—Sara... —su vo
Me quité la almohada de la cara con fastidio y tomé nuevamente el celular. Revisé los chats... nada nuevo, nada interesante.Perfecto.No quería pensar.No quería recordar.Mucho menos quería volver a ver en mi cabeza a Esteban bailando con esa... Michel.Así que, para distraerme, abrí un anime.Error.Grave error.Las escenas empezaron a subir de tono, poco a poco... y eso fue suficiente. La gota que rebosó el vaso.Mi mente traicionera no tardó ni un segundo en arrastrarme de nuevo a esa madrugada.A esa madrugada.Donde Esteban me hizo suya.Donde perdimos la virginidad.—Dios... no otra vez... —murmuré, apretando los ojos con fuerza.Me había costado tanto dejar de pensar en eso.Tanto.¿Y ahora volvía?Qué mierda.Pero ya era tarde.Cerré los ojos... y me dejé arrastrar.Su boca en mi cuello.Sus manos apretándome.Las yemas de sus dedos tocando mi piel.Su cuerpo sobre el mío.El momento en que entró...Mi respiración se volvió pesada.Un calor empezó a acumularse en mi c
Me quedé ahí, completamente inmóvil, observando cómo bailaban tan pegados. Mi cuerpo se estremeció sin previo aviso; una sensación helada me recorrió de pies a cabeza y terminé rígida, tiesa, incapaz de reaccionar.El enojo empezó a crecer dentro de mí con una fuerza absurda, sólo por verlos ahí, frente a mis ojos, sonriendo, disfrutando... como si nada más existiera.Mi respiración se volvió irregular, más rápida, más pesada. Apreté con fuerza mis dientes y empuñé las manos, aferrándome al final de mi vestido como si eso pudiera sostenerme.Pasaron dos minutos... o al menos eso creí. El tiempo se sentía extraño. Y yo seguía ahí, parada, sin moverme, sintiéndome peor que nunca. Con las manos aún tensas, el cuerpo congelado, y algo feo, muy feo, oprimiéndome el pecho.—¿Qué te pasa, Sara? —preguntó Lauren, acercándose con cuidado.Ella me conocía demasiado bien. Había sido mi primera amiga, mi mejor amiga durante años... y por eso, con sólo verme, supo que algo no estaba bien.Pero yo.
Ese día me llevó a casa y no le hablé por varios días más. Incluso dejé de hablar tan seguido con Manuel.Era martes y aún no podía sacarlo de mi cabeza. Tenía tanto estrés que sentía que en cualquier momento iba a explotar. Esa carga de conciencia me estaba consumiendo poco a poco.¿Realmente me seguía gustando Manuel?Lo quería... sí. Pero el hecho de haberlo engañado me hacía sentir miserable, y cada vez que leía sus mensajes bonitos... me sentía aún peor conmigo misma.Pasaron tres días más y, poco a poco, empecé a sentir algo de paz. Ya no tenía esas imágenes repitiéndose en mi mente, ni esa sensación constante recorriéndome el cuerpo... pero la culpa seguía ahí, clavada en el pecho. No podía ignorar que le había sido infiel al pobre Manuel.Era viernes. El día se me hizo eterno.A las once de la noche no tenía sueño, pero el aburrimiento me estaba matando, así que decidí abrir el chat grupal de las chicas.





Último capítulo